domingo, 13 de julio de 2008

"Querida Europa..."

MIGUEL MORA - Potenza - 13/07/2008

La niña rumana Rebecca Covaciu resiste a una vida de persecución y miseria. Un viaje "de tristeza" desde Arad a Milán, Ávila, Nápoles y ahora Potenza

A sus 12 años, Rebecca Covaciu -ojos grandes, dientes blancos, sonrisa espléndida- ha vivido y visto tantas cosas, que podría escribir, si escribiera, un buen libro de memorias. Rebecca es rumana de etnia romaní, y ha pasado la mitad de su vida en la calle. Ha dormido en una furgoneta, una chabola, al raso.

A sus 12 años, Rebecca Covaciu -ojos grandes, dientes blancos, sonrisa espléndida- ha vivido y visto tantas cosas, que podría escribir, si escribiera, un buen libro de memorias. Rebecca es rumana de etnia romaní, y ha pasado la mitad de su vida en la calle. Ha dormido en una furgoneta, una chabola, al raso. Algunos días ha mendigado con sus padres por España e Italia. Otros, ha visto destruir su barraca, ha sido agredida por la policía italiana, ha oído bajo una manta cómo su padre era apaleado por defenderla, ha visto morir a niños por no tener medicinas, ha conocido el miedo de los gitanos que huyeron de Ponticelli (Nápoles) cuando su campamento fue incendiado. Pero Rebecca ha resistido. Y ha conmocionado a Italia con su historia en primera persona. Una carta en la que resume su sueño: ir al colegio y que sus padres tengan trabajo.

Con su sencilla carta, titulada "Querida Europa", y una serie de dibujos, Los ratones y las estrellas, inocentes y precarios, pero tan especiales como ella, ha demostrado su talento. Y es que Rebecca, en vez de deprimirse con esta "vida de tristeza", ha gritado al mundo su historia dickensiana en primera persona, convirtiéndola en un alegato de justicia y esperanza. A sus sueños privados de ir al colegio y de que sus padres tengan trabajo "para no pedir limosna", añade otro más amplio: "que Europa ayude a los niños que viven en la calle".

Ahora, Rebecca está contenta. Desde hace unos días vive, sueña y dibuja en una pequeña casa de campo situada cerca de un pueblo de la Basilicata, una región montañosa y agrícola, 250 kilómetros al sur de Nápoles.

Cae la tarde y la luz de la antigua Lucana romana es un espectáculo. Rebecca y su padre, Stelian, reciben sonrientes en la puerta, su madre Georgina saca un café turco y una tarta, y enseguida la niña trae su carpeta de dibujos y los enseña. Despacio, con orgullo pero sin presumir: "Unos árboles de colores, un ángel, una playa italiana, unos niños bañándose, un príncipe y una princesa, una pareja de novios (italianos también), dos palomas, un jarrón de flores, un collar de Versace, fruta, más fruta...".

Rebecca salió de su pueblo, Siria jud Arad, cerca de Timisoara, hace cinco años; ahora habla rumano, romaní, italiano y un poco de español. "Lo aprendí en Ávila cuando vivimos en España", explica en italiano. "No teníamos casa y dormíamos en la furgoneta. Hice allí tercero de primaria, me acuerdo mucho de la profesora. Me quería mucho, le gustaban mis dibujos".

La niña es la líder de su familia. Y gran parte de su futuro. Aparte de su talento para pintar, reconocido por Unicef en mayo pasado cuando le otorgó en Génova el Premio de Arte e Intercultura Café Shakerato, Rebecca es dulce, educada y juiciosa. Mientras habla a toda pastilla, como un libro abierto, sus padres, Stelian, de 43 años, ex campesino y pastor evangelista, y Georgina, de 37; sus hermanos Samuel (17), Manuel (14) y Abel (9), y la mujer de Samuel, Lazania, embarazadísima a los 16, la miran con una mezcla de sorpresa y reverencia, como si fuera una extraña. En cierto modo lo es.

Los Covaciu llegaron a esta casa de noche. Venían en tren, un largo viaje desde Milán. Unos días antes, varios policías habían molido a palos a Stelian. "Me amenazaron con volver si les denunciaba", recuerda. Lo hizo, y hubo que coger el hatillo.

Ahora, mientras trata de superar el susto y el dolor de los golpes, Stelian, un hombre que cuando habla parece a punto de llorar, se declara "feliz, gracias a Dios y a estos señores italianos tan generosos que nos han dejado su casa".

Se refiere a G. y A., una pareja de mediana edad que reside en Potenza, la lejana capital de provincia. "Conocimos la historia de Rebecca por Internet, y de la noche a la mañana decidimos refugiarlos en esta casa que no usamos", explican. A cambio, una firma en un contrato de alquiler gratuito y por un año. G. y A. prefieren no ser identificados. "No queremos convertirnos en prototipo mediático de la familia italiana solidaria". Pero su altruismo ha devuelto la sonrisa a la prole de Stelian.

La familia llevaba cinco años sin dormir bajo un techo de verdad. "En Siria teníamos casa, pero no teníamos pan", explica Rebecca, "y comíamos de la limosna de los vecinos. Luego, en Milán, mis padres no encontraron trabajo", continúa sin dramatismo, "y también teníamos que pedir. No podíamos ir al colegio porque no teníamos casa. Pero ahora me han dicho que podremos ir".

Para poder acceder a la escuela, los Covaciu necesitan demostrar un domicilio fijo y estar apuntados en el censo municipal. Precisamente ésa es una de las razones que ha invocado el Gobierno italiano para elaborar el polémico censo de la comunidad romaní. De los 140.000 gitanos que viven en el país, la mitad son italianos y casi un tercio son rumanos. Y el 50% son menores de edad. Muchos de ellos están sin escolarizar.

Como otros compatriotas y hermanos de etnia, los Covaciu atravesaron con su furgoneta Hungría y Austria para llegar a Milán cumpliendo el rito del efecto llamada. Tras unos meses probando fortuna, sin éxito, decidieron intentarlo en España. "Un amigo que vivía en Ávila nos dijo que tenía casa, papeles y trabajo, pero llegamos tarde. Metimos a los niños en el colegio, pero no encontramos trabajo. Así que nos fuimos a Torrelavega, estuvimos dos meses. Volvimos a Milán".

Georgina habla italiano, algo de español y un poco de francés. También vivió en Alemania. "Fue en 1990, Samuel nació allí. Estábamos bien, pero a los dos años nos pagaron un subsidio y nos mandaron a Rumania". Aunque se define como "mitad rom y mitad no", lleva 10 dientes con fundas de oro. "¡Sólo cuestan 10 euros cada uno!", se defiende riéndose. "Nos los puso un médico sirio ambulante en Milán, ahora están de moda en Rumania. La única que se niega a ponérselos es Rebecca".

Al principio, en Milán, todo iba más o menos bien, recuerda la niña: "Hicimos una chabola con cartón y plásticos debajo de un puente en el barrio de Giambellino". Era un pequeño asentamiento ilegal donde vivían otras cinco familias de Timisoara. "Para comer, pedíamos en el mercado de los anticuarios. Sólo un par de horas, para que los niños pudieran comer", asegura la madre bajando los ojos. Como se ve en uno de sus dibujos de Rebecca, también ella mendigó algún "día triste"; su hermano Manuel, al que llaman Ioni, tocaba el acordeón.

Hace un año, Roberto Malini, un dirigente de EveryOne, una joven ONG proderechos humanos que atiende a unas 60 familias de etnia gitana en Milán, se cruzó en la vida de los Covaciu. "Vi a un grupo de gente insultando a un niño gitano muy flaco que les miraba aterrorizado mientras sostenía un perro en brazos". Era Abel, el pequeño. "Le acusaban de haber robado el perro y querían lincharle. Tratamos de poner calma, y en esas llegó su madre con los papeles del perro. Lo habían traído desde Rumania".

EveryOne se hizo cargo de las necesidades básicas de los Covaciu cuando éstos empezaban a entender que una parte del país estaba harta de los gitanos. "A nosotros nos da miedo la policía y nosotros le damos miedo a los italianos. Así es la cosa", dice Georgina.

Según el último Eurobarómetro sobre discriminación, los italianos son los europeos que, junto a los checos, se sienten más a disgusto con los gitanos. Un 47% de los encuestados en Italia afirma que no querría un romaní como vecino. La sensación crece en toda Europa, aunque la media de intolerancia en la UE a 27 es de la mitad: un 24%.

El miedo está instalado en mucha gente por lo menos desde hace ocho años. Ya en 2000, antes de las últimas elecciones ganadas por Silvio Berlusconi, la Liga Norte del actual ministro del Interior, Roberto Maroni, lanzó una furibunda campaña contra los romaníes usando los eslóganes oídos tantas veces desde que hacia el año 1400 los gitanos llegaran a Occidente: violan y asesinan a nuestras mujeres, raptan a nuestros niños, roban en las casas, no quieren trabajar ni ir a la escuela.

La letanía no incluía algunos datos que ayudarían a completar la fotografía. La esperanza de vida de los gitanos que viven en Italia es de 35 años. Su índice de mortalidad infantil es 10 veces más alto que el de los niños no gitanos. El último robo de un niño a manos de un gitano fue registrado en Italia en 1899.

"La estrategia del odio fue calando y dio muchos votos a la Liga y a la derecha", recuerda Malini. "Los gitanos pasaron de ser una molestia a convertirse en el centro de la emergencia de seguridad. Ahora, la consigna oficial es salvar a los niños gitanos de los ratones y de la explotación de sus padres. Para conseguir ese objetivo tan loable vale todo: que la policía los acose, aplicar ordenanzas discriminatorias como la de las huellas dactilares, e incluso sustraerle niños a las familias acusándolos de mendicidad o hurto para llevarlos al Tribunal de Menores. Hemos denunciado al Parlamento Europeo varios casos en Nápoles, en Rímini y en Florencia. ¿Quién roba niños a quién?".

Otra opción consiste en arrasar las chabolas ilegales e invitar a los pobladores a volver a su país. El 24 de abril, el gobernador de Lombardía envío la excavadora al barrio milanés de Giambellino con un grupo de antidisturbios. El minicampamento donde vivían los Covaciu quedó hecho escombros en un minuto. "Fue un desalojo brutal", recuerda Malini. "Les obligaron a salir de las chabolas y los pusieron en fila a contemplar la destrucción". Rebecca: "Nos dijeron que no podíamos recoger nuestras cosas porque con el nuevo Gobierno ya no íbamos a poder seguir en Italia". Los Covaciu y cinco familias más lo perdieron todo. "Estuvimos unos días durmiendo en la Casa de Caridad y Roberto nos mandó a Nápoles", añade.

Cuando el tren llegaba al sur, una turba organizada por la Camorra atacaba y quemaba los campamentos de Ponticelli, donde vivían 700 personas. "Dormimos en una escuela, había muchos rumanos", recuerda Rebecca. "Las mujeres contaban que pasaron mucho miedo. Se acercaba gente a las ventanas y nos gritaba: '¡Fuera de aquí, zíngaros, iros a vuestro país!".

Nuevo regreso a Milán. Rebecca sigue dibujando, el Gobierno anuncia las medidas de emergencia rechazadas esta misma semana en el Parlamento Europeo. Además de princesas y playas imaginadas, la niña pinta su vida real. Retratos de la marginación, la diáspora, la mendicidad. EveryOne los presenta al premio de Unicef. Entre 150 candidatos, Rebecca gana con Los ratones y las estrellas. "Primero dibujé a Roberto, me dijo que era una artista. Hice otros más, los puso en su página web y me dieron el premio y esta medalla".

Los medios la convierten por un día en "la pequeña Ana Frank del pueblo gitano". Sus dibujos viajan a la exposición colectiva Psique y cadenas, inaugurada el Día del Holocausto en Nápoles. Y son recibidos como testimonio contra la segregación racial en el Museo de Arte Contemporáneo Hilo de Hawai.

Tras la fama efímera, los Covaciu instalan su nueva tienda de campaña en la zona de San Cristóforo. Una mañana, hace 10 días, llegan dos hombres a la tienda y, sin mediar palabra, empiezan a pegar a Ioni y a Rebecca. El padre intenta defenderlos y también cobra. La ONG decide contarlo a la prensa. Dos coches de policía vuelven al lugar. "Eran los mismos del día anterior, pero esa vez llevaban uniforme", dice Rebecca. "Me metí en la tienda y me tapé con la manta, los policías se llevaron a papá y empezaron a pegarle. Le oía gritar muy fuerte".

"Traumatismo craneal por agresión". Eso dice el parte médico que el pastor evangelista recibió en la casa de socorro. Allí le visitaron otros policías. El mensaje era claro: "Si denuncias, volveremos". Covaciu decide denunciar. Eso supone irse de la ciudad, alejarse, esconderse. Ahí aparece la pareja de Potenza. "Cuando el Estado maltrata así a la gente, lo que consigue es que surja la solidaridad", medita el señor G.

Los Covaciu llegaron de noche a esta preciosa zona de Italia. A sólo dos kilómetros, hay un pueblo tranquilo, un colegio rural y un cura, don Michele. "La historia de los Covaciu prueba que no tenemos una política de integración", explica. "Todo depende del voluntarismo de la gente. Como la Biblia es una historia de emigración, Dios no se asusta".

Rebecca se despide regalando dibujos a todo el mundo.

-¿Qué vas a ser de mayor?

-Quiero cuidar de los niños pobres y ser pintora.

-¿Y tú crees que en Europa hay racismo?

-¿Qué significa racismo?

viernes, 11 de julio de 2008

La más maravillosa música



11.07.08

Una encuesta revela que los ciudadanos consideran que el Ejecutivo debe tomarlos en cuenta aunque no haya elecciones.Según una encuesta internacional, que tiene además un apartado dedicado de manera exclusiva a la Argentina, el 74 por ciento de las personas considera que los gobiernos deben escuchar la voluntad popular “más allá de las elecciones”.

El estudio, que se vuelve significativo en la Argentina a la luz de las alusiones del Gobierno a su legitimidad para “tomar decisiones” frente a las protestas de los “golpistas” nucleados en torno de las entidades rurales, fue realizado por el Programa Actitudes Políticas Internacionales de la Universidad de Maryland, Washington.

Para el trabajo se consultó a 23.361 personas en 19 países, incluida la Argentina, donde la encuesta fue llevada a cabo por la consultora Graciela Römer.

El resultado fue contundente: el 74 por ciento de los entrevistados dijeron que creen que sus gobiernos deben tener en cuenta la opinión de la ciudadanía antes de tomar decisiones de peso, aunque en su momento hayan sido elegidos a través de elecciones.

Esta conclusión tiene una enorme actualidad para la coyuntura nacional: en medio del conflicto con el campo, la Presidencia insiste con la tesis que postula que tiene derecho y consenso suficiente para imponer la suba de las retenciones porque Cristina Kirchner ganó los comicios el año pasado.

Ayer, el propio Néstor Kirchner se encargó de insistir en un discurso junto a parte de la cúpula del PJ en que el gobierno de su esposa “fue votado” y que el paro de los productores rurales tiene intenciones “antidemocráticas”.

El 82 por ciento de los encuestados argentinos –800 casos de ciudades de población de más de 500 mil habitantes– contestaron que el Gobierno debe atender “todo el tiempo” la voluntad popular.

El 14 por ciento, en cambio, explicó que cree que el Ejecutivo debe atender a la opinión popular “sólo en las elecciones”.

Además, según el estudio de Römer, “los argentinos perciben que su deseo de que la voluntad popular se refleje en las decisiones del Gobierno se ve realizado solo en parte”.

En una escala con un mínimo de 0 y un máximo de 10, el 4,4 de los entrevistados contestaron que el país está gobernado de acuerdo con la voluntad popular.

A su vez, el 7,7 de los encuestados explicaron que creen que ese es el ideal de Gobierno: prestar oído a la palabra del pueblo.

Según la conclusión de Römer, “comparativamente, los argentinos son poco demandantes: la influencia que desearían se asignara a la voluntad popular sólo supera la que existe en un pequeño grupo de países (India y Jordania, entre otros)”.

Diario Crítica de la Argentina.

jueves, 10 de julio de 2008

Alfonsín es un ciudadano ilustre

Por Alfredo Leuco Miércoles 02 de Jul de 2008

Ahí está don Raúl, convertido en ciudadano ilustre. Reconocido por la historia. Tal vez ningún otro ex Presidente lo pueda hacer, pero ahí está don Raúl caminando por las calles con dignidad y la frente alta. Ahí está don Raúl el padre de la democracia recuperada, caminando lento, como perdonando el viento, según la poesía emblemática del día del padre. Ahí está don Raúl firme en sus convicciones a los 82 años y peleando con coraje contra una maldita enfermedad que lo tiene contra las cuerdas. Ahí está don Raúl que – mirado en perspectiva- fue uno de los mejores presidentes que nos supimos conseguir. Con todos sus errores, con todas sus equivocaciones, a 25 años de la epopeya de la vuelta a la libertad creo que Alfonsín es mejor que la media de los presidentes que tuvimos y –si me apura- creo que es mejor que la media de la sociedad que tenemos. Ahí anda don Raúl con las manos limpias, viviendo en el mismo departamento de siempre, austero como don Arturo, honesto como Alem manda. No quiero decir que el doctor Raúl Alfonsín haya sido un presidente perfecto. De ninguna manera. Es tan imperfecto y tan lleno de contradicciones como todos nosotros. La democracia es imperfecta. Apenas, es el sistema menos malo. Pero nadie puede desmentir que Alfonsín es un demócrata cabal. Nunca ocupó ningun cargo durante ninguna dictadura. Y eso que muchos de sus correligionarios si lo hicieron. Estuvo detenido por defender sus ideas. Es un auténtico defensor de los derechos humanos de la primera hora y en el momento en que la balas picaban cerca. No de ahora. Fue defensor de presos políticos durante la dictadura, reclamó por los desaparecidos y es co-fundador de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. El abogado de Chascomús, el gordito reformista y burgués, según los revolucionarios de entonces hizo todo eso. El abogado de Santa Cruz, el flaquito de la Jotepé, hizo todo lo contrario. Digo, como para poner las cosas en su lugar. Como para respetar la verdad historica. Por eso, con toda autoridad, despues fogoneó el Nunca mas y la Conadep y el histórico Juicio a las Juntas Militares que ningun otro país del mundo se atrevió a hacer con la dictadura en retirada pero todavía acechante y poderosa. Por eso tuvo sublevaciones militares carapintadas, paros salvajes de la CGT y golpes de mercado que intentaron derrocarlo. Es verdad que también existieron los errores y los horrores propios . La economía de guerra y el desmadre inflacionario. La gran desilusión frente al felices pascuas y la casa está en orden. O el Punto Final y la Obediencia Debida. Y el derrumbe de la confianza en la capacidad para gobernar el descontrol que terminó con la entrega anticipada del poder. O el pacto de Olivos. Si tratamos de ser lo mas ecuánimes y rigurosos posibles aparecen las luces y las sombras. Pero el paso del tiempo y la comparación con lo que vino lo deja a Raúl Ricardo Alfonsín del lado bueno de la historia. En la vereda del sol. Caminando con dignidad con la frente alta y las manos limpias. Ahí está don Raúl Alfonsín. Un ciudadano ilustre.

jueves, 3 de julio de 2008

Aunque enmarañado por los subsidios, el modelo K de redistribución se parece al de Menem o De la Rúa

Por Aleardo F. Laría

Toda política que aspire a conseguir una redistribución más justa de la renta en nuestro país merece ser bien acogida. Pero otra cuestión es verificar si los buenos deseos se ven correspondidos en la realidad


América latina es considerada la región con mayor desigualdad en el mundo. Uno de los modos de medir el grado de desigualdad en un país consiste en establecer cuántas veces la renta del 10% más rico supera al decil que está situado en la base de la pirámide. Esa relación en Argentina es de 31 veces mientras que en Japón, por ejemplo, es de sólo 7.
Por consiguiente, toda política que aspire a conseguir una redistribución más justa de la renta en nuestro país merece ser bien acogida. Pero otra cuestión es verificar si los buenos deseos se ven correspondidos por políticas que alcanzan a modificar la realidad. El medio más directo y eficaz para redistribuir la renta es el sistema impositivo. Sin embargo, en la Argentina, el sistema impositivo mantiene un sesgo regresivo. El peso de los impuestos directos (33% del total de la recaudación) sigue siendo mucho menor que el de los impuestos indirectos (66%).
El IVA, un impuesto que pagan pobres y ricos, tiene una alícuota muy elevada (21%) frente al 16% de España. La renta financiera (intereses y dividendos) sigue sin estar gravada y las plusvalías obtenidas por la venta de las acciones de una empresa no tributan. Otro modo de verificar la eficacia del sistema impositivo es medir la presión impositiva, es decir la cantidad total recaudada en relación con el Producto Interior Bruto (PIB). Es una media, es decir que puede haber contribuyentes que paguen mucho y otros que no paguen nada porque evaden. Pero igualmente sirve de referencia porque la existencia de una elevada evasión es también un signo de redistribución regresiva del ingreso.
En la Argentina, la presión impositiva ha ido subiendo en los últimos años pero, en términos comparativos, sigue siendo baja. Según un informe de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) la presión tributaria total pasó de 25,5% del PIB en 2000 a 31,4% en 2006. Es una cifra todavía inferior a la que tiene Brasil (33,4%), Alemania (37%) o los países escandinavos (en Suecia alcanza 51,5%).
En definitiva, al no haberse modificado en los últimos años el sesgo regresivo del sistema impositivo, se puede afirmar decir que no se percibe una diferencia entre el modelo "K" y los modelos fiscales anteriores. En todo caso, hay que reconocer una mayor eficacia en la gestión recaudatoria, lo que ha permitido reducir la evasión fiscal, debido a la mejora de los sistemas informáticos y catastrales implantados en los años 90.
Podría entenderse que otro modo de redistribuir ingresos se consigue a través de las políticas de subsidios para evitar el incremento de algunos precios relevantes en la cesta de los consumidores. En la Argentina, el Estado paga subsidios a la industria harinera y a la aceitera para evitar la suba del precio del pan y del aceite; al gasoil para evitar el aumento del precio de los transportes; etc.
Esta política de subsidios no es habitual en los países avanzados porque provoca graves distorsiones en los precios relativos, constituye un entramado muy difícil de desarmar en el futuro y tiene un peso cada vez mayor en el presupuesto del Estado, donde ya representa 25% del gasto público, superando el gasto en sueldos y salarios del personal del Estado.
Desde el punto de vista redistributivo, sus efectos son imprecisos. Un subsidio a la tarifa eléctrica beneficia a las clases medias de elevados ingresos, tanto como a los hogares humildes que tienen acceso al servicio, algo que no todos consiguen. El subsidio a la tarifa del gas no alcanza a favorecer a los hogares no conectados a la red que deben pagar la garrafa del gas licuado a un precio mucho más elevado.
La política actual de subsidios parece más bien dirigida a contener el índice inflacionario, para evitar así que aumente el costo de la deuda pública indexada con el IPC, más que a redistribuir ingresos. Por otra parte, el sistema de subsidios es una fuente de corrupción porque deja en manos de los gestores públicos un enorme poder para retrasar o avanzar los pagos y da lugar a un costo administrativo de gestión que lo hace altamente ineficaz.
Tal vez sería más razonable sustituir todo el sistema de subsidios por una renta básica dirigida a los hogares más humildes, previamente censados por un procedimiento objetivo y abonada por el sistema bancario para evitar mediaciones indeseadas. Otra forma de redistribuir el ingreso se consigue por un medio indirecto, mediante la entrega suficiente -y respetando mínimos de calidad- de los denominados "bienes públicos", como la salud, la educación, la vivienda y la protección ante la incertidumbre. Si los sectores humildes tuvieran acceso a un seguro de desempleo, a hospitales públicos de calidad, escuelas bien dotadas y accedieran a viviendas dignas con créditos hipotecarios subvencionados a largo plazo, se podría aceptar que estamos ante política reales de redistribución.
Sin embargo, observando la realidad actual, no parece que en los últimos años se hubiera producido un incremento o mejora de los bienes públicos puestos a disposición de los más humildes.
Resta analizar si el anuncio oficial de destinar una parte de los incrementos en las retenciones a las exportaciones -es decir sólo aquellas que superen el 35% vigente al 11 de marzo- para la construcción de 30 hospitales públicos de complejidad 4 implica un cambio sustancial de políticas. Hay que decir, en primer lugar, que las retenciones a las exportaciones, por su carácter de instrumentos de política cambiaria, sometidas a los vaivenes propios de los precios de las commodities en los mercados internacionales no es un medio idóneo para financiar obra pública.
Sólo hay que imaginar un descenso del precio internacional de la soja a los niveles en que se aplica una retención de sólo 35%. ¿Se dejarían en este caso los hospitales a medio construir por haber desaparecido la previsión presupuestaria de ingresos? Por otra parte, la vulneración flagrante de la Ley de Coparticipación, demuestra que lo que aparentemente se entrega a las provincias por una partida, no alcanza a compensar lo que se les sustrae por la otra. Los 30 hospitales que supuestamente se darían a las provincias a lo largo de dos años representan una inversión estimada provisoriamente en unos 3.000 millones de pesos.
Sin embargo, el incumplimiento de la vigente Ley 23.548 de Coparticipación -que obliga a la Nación a entregar a las provincias 57,36% de lo recaudado, cuando en realidad reciben sólo 30%- puede valorarse en una suma de unos 15.000 millones anuales. Es decir, que la entrega de la suba de las retenciones apenas cubre 10% de la deuda que la Nación mantiene con las provincias.
La conclusión parece obvia. No se está en presencia de un modelo de redistribución social diferente al que tenía Menem o De la Rúa. Sin embargo, la revitalización que ha vivido el Congreso al recibir el espinoso asunto de las retenciones, puede ser un revulsivo que permita introducir el tema de fondo representado por la discrecionalidad más absoluta en el reparto de los fondos coparticipables. La Constitución de 1994 le dio al Congreso un plazo que vencía a finales de 1996 para que el Congreso dictara una nueva ley de coparticipación. Hay en curso un módico retraso de 12 años en el cumplimiento del mandato constitucional. Tal vez, ha llegado el momento para que los diputados se desperecen y pongan manos a la obra

Brasil lanza un nuevo plan agrícola para aprovechar los precios récord de los alimentos en el mercado mundial

Lo anunciará hoy el presidente Lula da Silva en Curitiba. Tiene como objetivo aumentar la producción agrícola en un 400% en un año.

En medio de un contexto mundial de precios récords de las materias primas, el gobierno brasileño reforzará el sistema de subsidios al sector agrícola con el objetivo de elevar significativamente la producción de alimentos. La iniciativa forma parte de un nuevo plan agrícola que será anunciado hoy en Curitiba por el presidente Luiz Inacio Lula da Silva y que destinará alrededor de 40 mil millones de dólares a la financiación de la llamada agricultura empresarial, informó el diario especializado Valor Económico. “ Ahora los precios de los alimentos están altos y el país tiene que aprovechar las oportunidades”, dijo el ministro de Agricultura, Edilson Guimaraes a la estatal Agencia Brasil, quien además explicó que la iniciativa también tiene como objetivo controlar la inflación interna sin recurrir a mecanismos de controles de precios. El nuevo plan agrícola pretende aumentar de 1,5 a 4 millones de toneladas la producción anual de granos, lo que equivale a un crecimiento de cerca del 400%. También prevé garantizar precios mínimos a los productores y aumentar su liquidez reduciendo el impacto de los costos de producción (entre ellos, las tasas cobradas por fletes de fertilizantes), informó el diario El Cronista. Durante su discurso en la Cumbre del Mercosur en la capital tucumana, Lula pidió a los gobiernos de países latinoamericanos que adopten una estrategia común para evitar que los países ricos culpen a las economías emergentes por el aumento en el precio de los alimentos e insistió en la necesidad de consensuar un plan anti-inflacionario.

martes, 1 de julio de 2008

Cristina Perón


Incapaces de gobernar sensatamente el presente, los Kirchner reinventan el peronismo del pasado

Pilar Rahola | 24/06/2008

La foto del miércoles en la plaza de Mayo era impagable. Cristina abrazaba a su marido Néstor, delante de miles de seguidores que inundaban la mítica plaza con las banderas blanquiazules. Emulando las viejas escenas de Evita y Perón, perfectamente ubicadas en el subconsciente argentino, Néstor Kirchner protagonizó el punto álgido de un estudiado melodrama y, en tono de tango arrabalero, le espetó "te amo mucho", fusionando definitivamente la alcoba y el poder.

En los entreactos de este escenificado clímax, todo se había cuidado al detalle, desde los amigos piqueteros, que tanto saben de secuestrar la calle, hasta las arengas a la patria, confundida la nación con el poder y el poder, con la persona. Peronismo puro, en el sentido mesiánico que puede contener el término.

A partir de esa imagen de una pareja de poder, en caída libre de popularidad, agarrados a todos los mecanismos institucionales que han conseguido controlar, Cristina y Néstor reinventaban el pasado, incapaces de gobernar sensatamente el presente. Y así, con el campo sublevado, los periodistas fustigados, la clase media fatigada, los sectores de la extrema izquierda sobreprotegidos, y las expectativas económicas rozando la inestabilidad, la familia K intentaba encontrar en el viejo peronismo la última salvación a su pertrecha popularidad. Si no son buenos gobernantes, que sean buenos actores de melodrama. "Eso -me dice un ex diputado radical- siempre vende en mi país".

Se preguntaba no hace mucho el fino analista argentino Joaquín Morales Solá "¿quién manda en Argentina?", y su respuesta era tajante: Néstor concentra todo el poder, convertida su mujer en el instrumento para una "implícita reelección indefinida, que la Constitución argentina prohíbe". En la práctica, ese poder casi absoluto habría implicado decidir ministros, imponer medidas económicas, dirigir a piqueteros y, en definitiva, mandar desde el lecho, como si fuera la sombra alargada del despacho.

En una de las famosas 20 verdades del peronismo, el propio Perón dijo que "cuando un peronista comienza a sentirse más de lo que es, empieza a convertirse en oligarca", y esa metamorfosis parece definir hoy la pareja que gobierna la Casa Rosada. Poder casi absoluto, democracia de bajo perfil, amordazamiento de la oposición, persecución del periodismo libre, demonización de los sectores civiles opositores, confusión entre los intereses del país y los de sus gobernantes y, en definitiva, una presidencia que está más obsesionada en vigilar al ciudadano que en garantizar sus derechos.

El propio Perón, que lo dijo casi todo, también había dicho esto: "El hombre es bueno, pero si se le vigila es mejor". Y parece que los Kirchner cumplen a rajatabla las enseñanzas del líder, especialmente las que tienen que ver con el control y la vigilancia...

Lo peor es que Argentina, que es uno de los países más importantes de todo el continente americano, y cuya estabilidad es fundamental para la estabilidad de todo el cono sur, ha iniciado un errático proceso cuya derivada no parece ir a buen puerto. En lo económico, los errores de los Kirchner se acumulan, sorprendentemente en un momento de magnífica bonanza. En lo social, la fractura parece evidente y no mejora con cada acción del Gobierno, sino al contrario. El efecto K trabaja para ahondar dicha fractura, quizás convencidos de que el "conmigo o contra mí" aún les resulta útil. Sin embargo, ¿hasta cuando? Y en lo político, Argentina cabalga hacia un populismo de viejo cuño que, como aseguran los analistas, puede resucitar al peronismo más añejo, pero también dinamitarlo. Dice nuevamente Morales Solá: "La ruina del peronismo pondría a Argentina a las puertas de una aventura autoritaria y populista". Ergo, la acercaría a la nefasta aventura chavista. De momento, lo que tenemos es un tango cantado en plena plaza de Mayo. Melodrama en estado puro. Y es que cuando falla la política, siempre queda el teatro.

La ideología del enemigo total

GREGORIO PECES-BARBA 01/07/2008
Gregorio Peces-Barba Martínez es catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Carlos III de Madrid.

La ideología del enemigo sustancial es el mayor peligro para una concepción humanista de la historia y de la cultura y para una concepción integral de la democracia, con sus componentes liberales, socialistas y republicanos. Las ideas de progreso, de dignidad humana, de libertad, de igualdad y de fraternidad, propias del humanismo, que se reafirma en la modernidad, desde el hombre centro del mundo y centrado en el mundo, sufren desde el tránsito a la modernidad hasta hoy el ataque disolvente y destructivo de las diversas formas que presenta la ideología del enemigo sustancial. Es una variante, quizás la más radical y peligrosa del pesimismo antropológico de la vieja idea de que el hombre es un lobo para el hombre. Es la tradición de Horacio, con precedentes en el mundo griego, y que reaparece en el siglo XVII con Hobbes, y con otros representantes de la cultura barroca. En el capítulo XIII de la Parte Primera del Leviatán describe la situación del hombre en el Estado de naturaleza como de guerra de todos contra todos y donde "todo hombre es enemigo de todo hombre". Esta cultura del enemigo total se refleja en las sociedades, en las ideologías políticas e incluso en la propia personalidad de quienes la asumen. Se refleja en sociedades, autoritarias, totalitarias, excluyentes y belicistas y en personas dogmáticas, violentas, agresivas, intolerantes y que cultivan el odio. Son modelos antidemocráticos, antiliberales, antisolidarios y antipluralistas que en las personas que lo forman fomentan rechazos a la dignidad humana, al respeto, a la amistad cívica, al juego limpio. Esta cultura es inexorablemente fundamentalista e impulsa la destrucción del adversario, como enemigo sustancial, como incompatible absolutamente para la convivencia. Así el "todo hombre es enemigo de los demás", se transforma para esas posiciones, en la defensa de un yo inocente, justo y poseedor de la verdad, frente a los otros, que son los enemigos.
En 1930, Thomas Mann elevó su voz contra el nazismo ascendente: "... Una política grotesca, con modales de ejército de salvación, basada en la convulsión de las masas, el estruendo, las aleluyas, y la repetición de consignas monótonas, como si de derviches se tratase, hasta acabar echando espuma por la boca. El fanatismo erigido en principio de salvación, el entusiasmo como éxtasis epiléptico, la política convertida en opio para las masas del Tercer Reich, o de una escatología proletaria, y la razón ocultando su semblante". Aquella predicción de lo que estaba por pasar la expresó el autor de La montaña mágica en la Beethoven Saal de Berlín, anticipándose lúcidamente a la más cruel expresión del enemigo sustancial, la que justifica Carl Schmidt y realizarían Hitler y sus secuaces nazis hasta su derrota en la Guerra Mundial. La justificación teórica, en abstracto, está en El Concepto de lo Político de 1932. Schmidt lo identifica con el otro, con el extranjero, donde "los conflictos que con él son posibles... no podrían ser resueltos ni por un conjunto de normas generales, establecidas de antemano, ni por la sentencia de un tercero reputado, no interesado e imparcial". Como se ve, descarta al derecho y la posibilidad de pacto social, y al justificar más tarde con esa base doctrinal las leyes de Nuremberg de 1935, está señalando la solución para exterminar al enemigo sustancial fuera del derecho: los campos de concentración y de exterminio. Es la salida normal de "todo sujeto sin valor, indigno de vivir". Por eso justificará las leyes raciales de Nuremberg de 15 de septiembre de 1935, donde se señala a los judíos como los enemigos sustanciales. Son sus trabajos La Constitución de la libertad y La Legislación Nacional socialista y la reserva del 'Ordre Públic' en el Derecho Privado Internacional. Lo completará más tarde, en octubre de 1936 en el Congreso del Grupo de Profesores Universitarios de la Unión Nacional Socialista de Juristas con un comentario final sobre la Ciencia del Derecho Alemán en su lucha contra el Espíritu judío. En ese contexto resulta sorprendente que en la publicación castellana de Tierra y Mar, en 2007, tanto el prologuista como el epiloguista ignoran esa etapa negra del pensamiento de Schmidt. Era efectivamente un encantador de serpientes, que a muchos en la derecha y en la izquierda les produjo y produce un bloqueo moral inexplicable.
En todo caso, la ideología del enemigo sustancial afectó con el leninismo y el stalinismo al marxismo y es también una enfermedad crónica en la cultura de las religiones, cuando se institucionalizan y se organizan jerárquicamente. No está ni en el Sermón de la Montaña ni en los Evangelios, pero sí aparece hasta hoy en la doctrina de los papas y de los obispos, siempre desconfiando de la Ilustración, de la laicidad y de la libertad religiosa. En otras religiones, incluso el reflejo de la ideología sigue siendo brutal y con ello se justifica el asesinato y la guerra contra el infiel hasta su exterminio.
Junto a las dimensiones radicales existen otras formas más débiles, pero donde las raíces de la intolerancia y del afán del exterminio del enemigo están presentes, aunque templadas por estructuras políticas, jurídicas y culturales que las atenúan y quizás por el desconocimiento de quienes incurren en ellas, aunque no lo sepan. Son fenómenos que se producen en las sociedades democráticas donde la cultura de la ideología del enemigo sustancial subyace a muchas posiciones, y afecta también a personas que no han asumido el pensamiento liberal, democrático, social y republicano que conforman el talante de respeto y de nobleza de espíritu y de amistad cívica de los que no creen que ningún hombre aporte una verdad total y redentora.
Aquí se fundan todas las fundamentaciones religiosas, políticas y culturales. Aquí encontramos a Bolton o a John Yoo defendiendo las políticas de Bush sobre la tortura, el estado permanente de excepción o la detención sin juicio. También a los obispos y cardenales que se consideran depositarios de verdades absolutas incompatibles con el pluralismo y por encima de la soberanía popular y del principio de las mayorías, a los políticos que desprecian a sus adversarios y que discriminan, como hace la presidenta de la Comunidad de Madrid, entre asociaciones de víctimas a quienes apoya, frente a otra, mayoritaria, que es marginada, car tel et mon bon plaisin, según la fórmula que justificaba las decisiones de los monarcas absolutos. Ése fue en muchos temas el comportamiento de muchos dirigentes del PP en la anterior legislatura. Creo que es a eso, a la utilización atenuada de la ideología del enemigo sustancial, a lo que se refiere Rajoy cuando habla de que hay cosas que cambiar. Ojalá eso nos lleve a un centro derecha abierto, centrista y liberal, que tanto necesita este país. Finalmente, esta epidemia intelectual y moral alcanza también al modelo de la cultura cuando un escritor de éxito desprecia y descalifica al resto de los escritores. Todas estas actitudes desvirtúan y se alejan de la idea de dignidad humana y del respeto a los demás. Frente a ellas, la vacuna, la terapia, es más democracia, aunque siga siendo el peor de los regímenes con excepción de los demás experimentados hasta ahora.
¡Sapere aude! para todos.

lunes, 30 de junio de 2008

El imán del pasado

27 junio, 2008 - José Andrés Rojo

En su último ensayo, Rafael del Águila se asoma a los viejos ideales para rascar un poco y contar la cantidad de cadáveres que acumulan en los desvanes. Al recorrer sus páginas, es inevitable acordarse de la imagen del adolescente, rubio y guapo, con la mirada inocente depositada en un futuro lleno de posibilidades, que en la película Cabaret empieza súbitamente a cantar y que poco a poco va incorporando cientos de voces que resuenan como una llamada de lo más remoto para asumir grandes desafíos. Ya se sabe en qué acabó aquello: en los seis millones de judíos que cayeron simplemente por ser judíos y en todas las demás víctimas de unos iluminados que arrastraron a los suyos a la locura de recuperar unas esencias impolutas que se habían perdido. “La nación alemana, la raza aria, exige su derecho a sobrevivir a las agresiones de otras razas inferiores”, escribe Del Águila en Crítica de las ideologías. El peligro de los ideales (Taurus). “El imperativo de la autopreservación es el ideal que justifica cualquier acción en su defensa. La defensa del destino, grande y magnífico, de los arios”.

“Algunos elementos de la queja identitaria tienen mucho sentido”, escribe Rafael del Águila. Existe exclusión, marginación, xenofobia y racismo. Lo relevante, en cualquier caso, es reparar en un impulso que se ha ido imponiendo con fuerza en los últimos treinta años, y que está lleno de peligros. La crisis de las utopías, que se precipitó de forma abrupta tras la caída del Muro de Berlín, ha producido la emergencia de otra estrategia para movilizar a las masas. Puesto que ya no sirve la creencia en la revolución, en el salto en el futuro hacia una sociedad más justa, lo que ahora se impone es la vuelta a un pasado ideal: en palabras de Del Águila, “la recuperación de lo auténtico en nosotros”.

Hay dos motores que alimentan este movimiento. Uno, la idea de que ahí, en un remoto pasado, existió alguna forma de pureza. Y dos, que esa pureza se fue perdiendo por la irrupción del otro. Estamos presos en un proceso de incontenible decadencia, consideran todos esos movimientos que encuentran en el pasado su verdadera patria perdida (nacionalismos, fundamentalismos religiosos, indigenismo...). La solución pasa por rescatar aquella antigua identidad. “Cuando las cosas se extreman”, escribe Del Águila, “lo que no es sino la búsqueda o la defensa de quienes somos se reconvierte en una suerte de ‘técnica’ dirigida a fomentar el sectarismo”.

Viene todo esto a cuento a propósito del sombrío panorama que se desprende de las últimas informaciones que llegan de Bolivia. La llegada al poder de Evo Morales abrió grandes esperanzas: se reparaba una injusticia histórica, la de la marginación de los indígenas en la marcha del país, y se abría una nueva época en la que a los sectores más desfavorecidos podría tocarles una parte mayor del pastel en el reparto de los recursos de una economía que pasaba por unos buenos momentos para generar riqueza. Más que alentar políticas de unidad, lo que Morales ha hecho es radicalizar la legítima reivindicación de reconocimiento de los indígenas para fomentar el sectarismo. Y no hay movimiento fuerte de izquierdas que esté intentando frenar semejante despropósito. Con lo que los sectores vinculados a las nuevas clases emergentes y a los viejos intereses de siempre han visto como se les servía en bandeja la posibilidad de defender “lo suyo”. Un desastre.

Es como Chávez, o quizás peor

30 junio, 2008 - Lluís Bassets

La comparación hasta ahora se establecía entre los dos vecinos. Sarkozy y Berlusconi tienen muchas cosas en común, una de las más destacadas su capacidad mediática, de actor uno y de magnate el otro, todo hay que decirlo. También han sabido pulsar algunas teclas similares, no precisamente las más limpias del teclado: el miedo a la inmigración, por ejemplo. Es evidente que Sarko se ha zampado el discurso de Le Pen, pero ha mantenido alejado de las instituciones a su Frente Nacional, y lo ha metabolizado; mientras que el Gran Silvio lo ha hecho con la Liga Norte pero la tiene dentro del Gobierno y le permite todas las iniciativas más extremistas. Los dos tienen también un sentido especial de la libertad económica, que juega sólo en la dirección que les conviene y se hallan en la tesitura de favorecer un cierto capitalismo de Estado que les hace parientes cada vez más próximos de Putin. La democracia soberana, por desgracia, es la moda de la temporada que se avecina, cosa que tiene poco que ver con la tradición de la división de poderes, los checks and balances y la fuerza de la sociedad civil y de sus instituciones, los medios de comunicación entre otras.

Pero lo que quiero comentar aquí se lo oí decir la pasada semana a una colega del periódico, Berna Harbour, y me parece una pista muy atinada: si Berlusconi estuviera en América Latina sería Chávez. Y esto es lo que le diferencia de forma definitiva de Sarkozy. Se dedica a gobernar y su mayoría a legislar para su exclusivo beneficio personal. El interés general es el interés de Sua Emittenza. Si la tentación de Sarkozy, muy francesa, es la de identificarse con la soberanía nacional, gracias a los ciudadanos que le votaron en esa insólita elección directa a dos vueltas que se hace en Francia; la tentación de Berlusconi, a la que ha cedido ampliamente, es poner el Estado directamente a su servicio. Si uno dice ‘el estado soy yo’ en un eco de Luis XIV, el otro considera en una insólita novedad del despotismo salido de la urnas que el Estado es su criado y que tiene todo el derecho a utilizarlo para resolver sus problemas y complacerle.

Los argumentos que utiliza Berlusconi para defenderse tienen tanta fuerza que igual servirían para demostrar que es un criminal que ha conseguido zafarse de la justicia gracias a la política. Según manifestó en una reunión con empresarios la pasada semana se han interesado por sus supuestos delitos 789 fiscales y jueces, ha recibido 587 visitas de la policía y de la guardia fiscal y 2.500 citaciones, se supone que judiciales o policiales. Para enfrentarse a tan formidable ataque, ha gastado 174 millones de euros en abogados, cuyo número no conocemos. Y nunca ha sido condenado porque ha funcionado la prescripción o porque ha conseguido aprobar leyes que han convertido el caso en inviable.

Esto, sin embargo, no es lo más grave que está sucediendo con este Caimán renacido y de colmillos más largos ya afilados que nunca. Las leyes contra los gitanos son el auténtico baldón racista que deshonra a Italia y a esa Europa que lo permite. Por mucho menos hubo una crisis europea cuando el partido de extrema derecha de Jörg Haider entró en el Gobierno austriaco. Y es lo que diferencia de verdad a Berlusconi de Sarkozy y de cualquier otro responsable europeo. Nunca después del fascismo se había llegado a la ignominia de estigmatizar a un grupo humano como está haciéndolo el Gobierno de esta coalición de populistas y radicales de derecha que gobierna Italia. En realidad ni siquiera en Venezuela o Argentina podemos encontrar algo equivalente a esta plaga.

viernes, 27 de junio de 2008

León Gieco "Yo soy del campo"



Ala hora de trazar sus coordenadas de tiempo y espacio, León Gieco dice que está sin hacer nada y contando las horas para “ir a la presentación de Café de los Maestros”, la película de Walter Salles sobre proyecto de Gustavo Santaolalla.
Pero el cantautor santafesino sabe que lo más oportuno para hablar con él, un emergente del campesinado convertido en referencia de la canción testimonial, es el conflicto entre el Gobierno y el campo. También es de interés la cuestión porque él siempre se ha mostrado favorable a los actos de gobierno del matrimonio Kirchner. “El conflicto está en que en el campo no todos piensan igual. Es muy burdo decir ‘el campo nos ha dado de comer toda la vida’. No señor, fue la tierra. Porque hay mucha gente del campo que tiene depositada la plata en bancos de Norteamérica, ¿viste?”, es lo primero que expresa León con respecto a un cortocircuito que lleva más de 100 días.
Luego sigue: “El conflicto es antiguo, y viene de los tiempos de unitarios y federales. Y ahora, la pelea es ésta; no es una cuestión de retenciones sino de política. Está bueno que se haya armado este quilombo porque se pusieron muchas cosas en caja. Lo de las retenciones, que la presidenta haya mandado todo al Congreso, me parece que lo tendría que haber hecho de movida. ¿Y los congresistas que hicieron desde el vamos? Hay una quietud medio pelotuda por parte de la gente del Congreso. También hay gestos de arrogancia de algunos referentes del campo; de algunos”.

–¿Quiénes serían los no arrogantes?
–Yo soy del campo, mi abuelo me llevaba a arar con caballos. Nada de siembra directa. Sé cuál es el discurso representativo del campo, que es el que da De Angeli. No es oligarca, ni especulador. Es un pequeño empresario del campo, el que se banca las sequías, las inundaciones. Se banca eso de pasar dos años sin cosechar. De Angeli sabe de lo que habla. Después están los que tienen millones de hectáreas que son los que ponen la plata afuera y, por otro lado, el Gobierno, que tardó mucho para armar una comisión para atender los problemas del sector. No creo que los Fernández sepan tanto de campo para ser ellos mismos “la” comisión. La gente del campo no es toda lo mismo. No da para meterlos en la misma bolsa.

–Entonces no da poner “Bandidos rurales” como música de fondo de un informe televisivo.
–No, esa canción está referida a otra cuestión. El otro día, antes del discurso de Cristina pasaron Bandidos Rurales. Es un vivillo que dijo “pasemos esto”. Cuando lo escuché, lo único que atiné a decir fue “¡qué hijo de puta!”

León tiene un nuevo disco, aunque no de canciones inéditas. Se llama Por partida triple y consta de colaboraciones suyas para otros artistas. La edición es de disco triple y se ampara en tres preceptos: “rock, folklore y rutas”. De los tres, y teniendo en cuenta cuál es el tema más espinoso por estos días, conviene concentrarse en “folklore”.

–¿Considerás al folklore música emergente del campo?
–La base del folklore es la música del campo, como el folk americano. Allá, el jazz es capitalino y el country es de campo. Acá, el rock es lo capitalino tanto como el tango, mientras que el folklore es del campo. Lo que pasa es que los mercados confunden la cosa. No obstante, vamos a creer lo que decía Facundo Cabral: “No es lo mismo cantar una zamba debajo de un ombú que en un décimo piso”.

Fuente: La Voz del Interior

martes, 24 de junio de 2008

En busca de partidos estables

Timothy Garton Ash 28/10/2007

De vez en cuando, justo cuando estamos empezando a hartarnos, alguna cosa nos recuerda que la democracia es maravillosa। El domingo pasado, jóvenes polacos hicieron pacientemente cola no sólo en Varsovia y Wroclaw, sino en Dublín y Londres, para votar por una Polonia en la que puedan tener futuro। El placer más elemental de la democracia -nosotros, el pueblo, elegimos a nuestros gobernantes- les estuvo negado a sus padres hasta el fin del comunismo, en 1989। Los chicos de 18 y 19 años en esas colas también estaban experimentándolo por primera vez. La participación, aunque baja, fue la mayor desde las históricas elecciones de aquel año. Fueron sobre todo los jóvenes los que acudieron en un número que no se esperaba; el resultado ha sorprendido a todo el mundo.

Ya estaba bien. Había llegado el momento de cambiar. Así que, por utilizar una expresión rotunda, "expulsaron a los sinvergüenzas". El más moderado de los "gemelos terribles" sigue siendo presidente, pero Jaroslaw Kaczynski, más sanguinario y dado a las conspiraciones, ha dejado de ser primer ministro. Su partido, aunque obtuvo casi la tercera parte de los votos, sufrió una derrota inequívoca. E igualmente satisfactorio fue que dos pequeños partidos populistas y obstinados, el llamado Partido de Autodefensa y la Liga de Familias Polacas, consiguieran menos del 5%, por lo que no estarán representados en el Parlamento. La noche de las elecciones me gustó especialmente el momento en el que la televisión polaca conectó con el cuartel general del horrible Partido de Autodefensa para mostrar un salón totalmente iluminado y completamente desierto. No parecía que hubiera nadie aparte del periodista de la televisión y un melancólico portavoz con bigote. Se acabó la fiesta. El último, que apague las luces.

Éste es un buen resultado para la democracia, para Polonia y para Europa. En ciertos aspectos, la secuencia histórica no podría ser mejor. Una vez que Polonia está a salvo en la UE y la OTAN, la tendencia xenófoba, provinciana, retrógrada y germanófoba que siempre ha existido en la sociedad polaca tiene su oportunidad de gobernar. Lo estropea todo en sólo dos años. Entonces, una clara mayoría de votantes decide en elecciones libres y justas que ésa no es la Polonia en la que quiere vivir, no es el rostro que quieren enseñar al mundo. Quieren un país más moderno, más progresista, más europeo y más occidental. ¿Hay algo más claro y limpio que esta decisión libre? La democracia, como decía Karl Popper, es el sistema en el que la gente puede cambiar su Gobierno por medios pacíficos.

Por desgracia, los gemelos Kaczynski no se limitaron a empeorar las cosas para sí mismos; también empeoraron las cosas para un Estado débil, dominado por el sectarismo y la corrupción. Prometieron un país más fuerte y más limpio, y han dejado uno más débil y más sucio. El nuevo Gobierno polaco tendrá que trabajar enormemente para restaurar -mejor dicho, para instaurar desde cero- una buena práctica de gobierno, sujeta al imperio de la ley. No estoy seguro de que lo consigan. Ahora bien, por lo que respecta a la política exterior, el cambio debería ser más fácil. Dentro de la UE, este Gobierno seguirá estando más próximo a los euroescépticos, pero seguramente será moderado y razonable en la defensa de sus intereses nacionales. No se dejará llevar por un miedo anacrónico y decimonónico a Alemania. La tarea de incordiar en la UE volverá a recaer sobre su encargada tradicional, Gran Bretaña.

Existe otro aspecto en esta historia que tiene una dimensión más amplia. Desde el final del comunismo, la política polaca se ha caracterizado por su imposibilidad de consolidar partidos políticos grandes y duraderos, ni en el centro-izquierda, ni en el centro-derecha. A lo largo de los años ha habido partidos que han surgido y han desaparecido como solteros esperanzados en una sesión de citas rápidas. Los acrónimos no han dejado de bailar, como letras dentro de un caleidoscopio. Durante un tiempo pareció que los poscomunistas iban a crear un partido socialdemócrata moderno, pero todo se derrumbó en una ciénaga de escándalo y corrupción. Tampoco ha logrado este país abrumadoramente católico crear un partido democristiano moderno, como el de Alemania. Los políticos son siempre los mismos, los partidos cambian. El grupo que ha ganado en esta ocasión, la Plataforma Cívica, está en el Parlamento desde 2001. No hay más que un partido que haya estado presente de forma ininterrumpida desde 1989: el Partido Campesino (que es, por cierto, el socio más probable para formar Gobierno con la Plataforma). No creo que sea casual que este partido sea además el único que representa a un grupo social concreto y bien definido: los campesinos, benditos sean.

El caleidoscopio de acrónimos no es un fenómeno exclusivo de Polonia. Si se observan las elecciones de otros países poscomunistas, es frecuente ver una volatilidad parecida: menor en algunos sitios (la República Checa, Hungría) y casi equiparable en otros. Pero tampoco es sólo una cacofonía poscomunista. Piénsese en Italia, que al acabar la guerra fría sufrió un terremoto en su sistema político. Por lo que muestran las actas, ninguno de los partidos que se encontraban en la Cámara baja del Parlamento italiano en otoño de 1987 está todavía presente. El único que ha tenido escaños de forma ininterrumpida desde 1992 es el de Refundación Comunista (el segundo, que sólo estuvo ausente dos años, es el Partido Popular del Sur del Tirol, o Südtiroler Volkspartei; es decir, el premio es para los representantes de una minoría de habla germana y una ideología nacida en Alemania).

A principios de este mes, los italianos recibieron una invitación de otro partido nuevo. En un extraordinario sondeo de opinión, vagamente parecido a una primaria de Estados Unidos, más de 3,4 millones de votantes escogieron al alcalde de Roma, Walter Veltroni, para encabezar un nuevo partido de conjunto llamado (a la americana) Demócrata, que reúne a los antiguos Demócratas de Izquierdas y el antiguo Partido de la Margarita; es decir, a ex comunistas, ex democristianos, ex republicanos, ex liberales y ex socialistas (aunque tal vez, en el fondo de sus corazones, sigan siendo todas esas cosas). "No nos están pidiendo que seamos el siguiente escalón", dijo Veltroni, "sino que hagamos un partido completamente nuevo".

Para países como Gran Bretaña y Estados Unidos, que aguantan impasibles desde hace tiempo con los dos o tres mismos partidos, todo esto puede parecer una serie de mareantes danzas latinas y eslavas. Perder un partido político es comprensible, perderlos todos parece una auténtica dejadez. Por su parte, los politólogos disponen de complejos argumentos sobre la relación entre los sistemas electorales y los sistemas de partidos (por ejemplo, que las elecciones de tipo británico, en las que el ganador se queda con todo, son seguramente las que más favorecen un sistema de dos partidos).

Piénsenlo por un momento: si nuestros partidos tradicionales no existieran, ¿los inventaríamos? Lo más seguro es que no. Están ahí porque están ahí. Ya no representan a grupos sociales distintivos (es decir, el laborismo ya no representa a los trabajadores) ni principios característicos. En Gran Bretaña, laboristas y conservadores cruzan las líneas sin cesar en su lucha por ganarse el afecto de una (pequeña) clase media más o menos liberal. En la conferencia del Partido Laborista, el primer ministro, Gordon Brown, pronuncia un discurso propagandístico sobre la identidad británica, la ley y el orden, frente a un fondo azul y conservador; el líder conservador, David Cameron, se muestra descorbatado y progresista, aunque luego vuelve a arreglarse. Se roban uno a otro los planes políticos -el último, sobre la reducción de los impuestos de sucesión- como travestís que se pelearan por el mismo vestido de cóctel. Son meros aparatos para sumar intereses y prejuicios; máquinas para ganar elecciones, unidas sólo por la historia y el ansia común de poder. No obstante, tener un sistema de partidos estable sigue ofreciendo muchas ventajas. El problema es: ¿cómo crearlo si nunca se ha tenido, lo que ocurre en Polonia, o cómo recrearlo si se ha venido abajo, como en Italia?

lunes, 23 de junio de 2008

REPORTAJE a Santiago Kovadloff

Por Magdalena Ruiz Guiñazu

A lo largo de 15 libros y después de innumerables conferencias, en las que ha explicitado la lucidez de su pensamiento, Santiago Kovadloff llega ahora a las librerías con otro título: El enigma del sufrimiento, una encrucijada que los argentinos hemos transitado ya en demasiadas oportunidades।
—Yo he escrito, y escribo, cuentos para niños, poemas y muchos ensayos. Espero que este libro no sea el último, puesto que el terror de todo escritor, cuando finaliza una obra en la que ha trabajado durante mucho tiempo, es que junto con esa última obra él se despida de la posibilidad de crear. Usted sabe que la inspiración es frágil y, a la vez, indispensable...
—Pero, Kovadloff, en el país en que vivimos, la inspiración no le va a faltar... A veces, uno piensa que para los argentinos es difícil curarse del todo, por no poder cerrar viejas heridas...
—En este último libro, yo intento realzar el sentido fecundo del sufrimiento y lo distingo del dolor al que, en cambio, asocio al puro padecimiento. Aquí intento estudiar la viabilidad o no del tránsito del dolor al sufrimiento. El sufrimiento está asociado con la capacidad que un individuo o un pueblo tiene para elaborar sus dificultades. Y lo llamo “sufrimiento”, porque la huella de lo padecido siempre queda en quien va más allá de lo padecido.
—Y el miércoles 18, por ejemplo, en aquella multitudinaria Plaza de Mayo ¿dónde estaban las huellas del padecimiento?
—Yo creo que una de las grandes dificultades que tiene el oficialismo es la capitalizar los fracasos que la Argentina ha tenido en su transición a la vida democrática. El ex presidente Kirchner ha tratado de decir que, en la actualidad, se enfrentan el presente y el pasado. El asocia el pasado a la protesta que, siendo inicialmente campesina, desbordó hacia las ciudades y se convirtió en protesta ciudadana. En cuanto al presente, el Dr. Kirchner lo vincula con el posicionamiento del Gobierno. Yo creo que es exactamente al revés. Y le explico por qué. Me parece que la demanda de vida constitucional sólida, y de vida parlamentaria fecunda con democratización del debate, es un rasgo distintivo de la protesta que se origina en el campo y pasa a las ciudades. En cuanto al pasado entendido como reivindicación de lo inamovible, de lo intolerante, del autoritarismo, está presente en el discurso de este ex presidente que no conoce los matices de la convivencia. Kirchner está dispuesto a ejercer el poder a expensas del prójimo, y ha hecho de toda diferenciación de sus ideas un signo de hostilidad y de golpismo. La pobreza de los conceptos que emplea para caracterizar a quienes no coinciden con él prueba la densidad de su intolerancia al intercambio de ideas y al ejercicio democrático del poder.
—¿Usted no cree que Néstor Kirchner tiene características adolescentes muy acentuadas?
—¡Bueno, eso que usted dice va en desmedro de los adolescentes!
—¿Por qué?
—Simplemente, porque en los adolescentes la crisis va acompañada de una fuerte angustia, mientras que aquí hay una rigidez que es más bien característica de una adultez dogmática. Es un pensamiento que está más cerca del integrismo que de lo que podríamos llamar una crisis cabal. En la crisis cabal hay matices. De hecho, en la crisis social que vive la Argentina hay matices. Si de un lado están los voceros del ex presidente, como D’Elía, del otro lado, dentro de la comunidad, lo que podemos advertir es un afán de interdependencia entre los que son voceros del conflicto. Nadie quiere tener el monopolio de la palabra. ¡Y esto no es un rasgo del Gobierno!...
—Pero aquí surge (y no sé si usted estará de acuerdo) una especie de síndrome de abstinencia del poder. Daría la sensación de que esto obsesiona al Dr. K. Fíjese que el miércoles, después del acto en la Plaza de Mayo, pensando en que quizás se había cortado la cadena oficial, veíamos a Kirchner solo, en medio del escenario, agitando una Bandera argentina como si fuera un niño. Es, en cambio, un hombre grande que ha sido exitoso, pero que no puede abandonar el escenario...
—Mire, en filosofía hay un concepto, el de solipsismo, que encarna lo que usted acaba de describir. Le explico: el solipsismo es una corriente de pensamiento que caracteriza al individuo que está ensimismado, cerrado en su autorreferencia absoluta. El individuo para el cual, su “yo” es la totalidad de lo real. Este ensimismamiento profundo es muy insular, y caracteriza la formación cultural de individuos que han vivido en el aislacionismo característico de 16 años de administración de una provincia en la que, para afianzarse en el poder, la descalificación del prójimo como interlocutor ha sido esencial. Trasladar estos criterios a una República, pretender hacer de la totalidad del país un escenario monótonamente sometido, es confundir las demandas de un Gobierno intolerante con las necesidades de una República que tiene que crecer.
—Sí, pero ¿cómo crece un país? ¿Siempre tiene que ser a través del sufrimiento?
—Los países crecen capitalizando el dolor. Aprendiendo de sus experiencias y de sus errores. De sus experiencias frustradas. Mire, el gran capital de la maduración cívica es la meditación y el aprovechamiento de los errores pasados. Cuando caemos en el campo de la monotonía (es decir, de la reiteración de los criterios que van desde las entonaciones de voz hasta el repertorio de conceptos machacados), uno advierte que no se está trabajando por el crecimiento, sino por la duración. “Durar” es algo muy difícil de vivir. Es algo muy distinto a vivir. “Durar” es empeñarse en no perder protagonismo aunque la vitalidad del propio posicionamiento no sea rica. Y lo indispensable para poder “durar” es dirigirse al otro como si tampoco quisiera vivir. Como si sólo aspirara a durar. Entonces, una de las estrategias de la supervivencia, como es el prebendarismo, entra en escena para condenar al beneficiario a sostenerse en la duración. No se le habilita la posibilidad, por ejemplo, de crecer y desplegarse. Se lo condena a la inmovilidad de la dependencia. Este discurso paternalista y autoritario es un signo de la tendencia que los gobernantes muestran al aferrarse al pasado y al no aceptar los desafíos del porvenir.
—¿A usted le parece que la pareja presidencial (y me refiero a ellos en estos términos porque el miércoles, cuando los veía abrazarse en el escenario, parecían una pareja monárquica y reinante) comparte estos conceptos?
—Yo pienso que si en la intimidad no los comparten, de hecho, en la vida social y en la manifestación pública, no se advierten fisuras en los dos discursos. Hay una posición fundamental que es el maniqueísmo. Le explico: maniqueísmo es el capital básico compartido. La idea de que uno no está frente a un adversario, ¡sino frente al enemigo! Esta presunción obliga, entonces, a dividir el país en clases sociales, en ideologías irreconciliables y es la manifestación de una profunda pérdida de actualización. En la senilidad no hay nada más penoso que la pérdida del sentido de lo real. Y estas dos personas (Néstor y Cristina), si bien no son viejas, son seniles conceptualmente. ¿Por qué? Pues porque se mueven en un mundo que ya no tiene consistencia real, pero al que necesitan perpetuar para no perder el sentido de su propia identidad.
—¿Y cuál sería, a través de su mirada, la identidad que hoy tiene la Argentina como país?
—Yo diría que el rasgo positivo que advierto en esta crisis es la reivindicación inamovible de la institucionalidad. El deseo de inscribir los conflictos en un cauce institucional es una demanda con que la inmensa mayoría de la gente ha venido a reemplazar (con creces) aquel triste: “¡Que se vayan todos!”. Lo que la gente quiere, hoy, son instituciones. Un marco legal dentro del cual encarar los conflictos, porque la mera sectorialización de los problemas, cuando no se inscribe en el marco institucional, lleva a la democracia directa. Y la democracia directa les quita protagonismo a las inve stiduras de la República. Lo que yo advierto en quienes hoy no están situados en una posición de conformidad con el Gobierno es un enorme anhelo de institucionalidad.
—Sí, parecería ser algo bastante espontáneo, ¿pero cómo analiza la decisión de reanudar el paro que, en realidad, iba a terminar el 18 a la noche?
—¡La decisión de reanudar el paro es una medida tan drástica como la que tuvo la Presidenta al calificar a los dirigentes rurales más o menos como a cuatro caballeros del Apocalipsis! Yo creo que la respuesta que se les debe dar a las decisiones intolerantes es la amplitud y la constante demostración de que el diálogo no puede ser reemplazado por el abroquelamiento en la propia intransigencia.
—También aquí, Kovadloff, se da un fenómeno interesante y es que no hay una oposición vertebrada. La protesta y el enojo se dan, entonces, como usted bien dice, no en el fatídico “¡que se vayan todos!”, sino en un “¡que se queden todos, pero que se queden bien!”.
—Cuando advertimos en la gente una mayor demanda de fortaleza institucional, se le está haciendo directamente un reclamo a la oposición para que se ubique a la altura de las circunstancias y del ejemplo de interdependencia que han brindado las direcciones de las distintas agrupaciones campesinas que han sabido sostenerse en el marco de un conflicto tan profundo sin sufrir un desgaste en su convivencia. ¿Por qué no tenemos una oposición unida? Bueno, precisamente porque se ha privilegiado el liderazgo personal sobre los intereses colectivos.
—¿Usted no cree que la catástrofe de la Alianza también ha gravitado como un golpe casi mortal al pensamiento político?
—Creo que no, porque la estructura de la Alianza fue totalmente oportunista. La Alianza se vertebró para ganar una elección y no para sostener en el poder un ideal de convivencia. De hecho, apenas ganó las elecciones, se desintegró. Yo creo que ahora la situación es distinta. Hoy no estamos buscando una alianza oportunista para derrotar al oficialismo en las elecciones venideras. Estamos buscando una alternativa en la concepción del poder político. Y esa alternativa tiene, como signo distintivo, la demanda de consistencia institucional. Esto es lo que estamos pidiendo. En una palabra, que la vida institucional esté convalidada como el escenario exclusivo de la disidencia y de la coincidencia. Sólo un proyecto de mediano y largo plazo en la concepción de lo político puede ayudar a que el país se vertebre de verdad –Kovadloff se detiene, piensa y retoma con vehemencia–. Fíjese usted, lo que necesitamos es una oposición que venga desde el porvenir hacia el presente. Es decir, desde un ideal de futuro hasta una actualidad que se muestra muy difícil en función de ese ideal. ¡Hoy, la oposición está conceptualmente exigida por esta demanda popular que pide más civilidad y no necesariamente más poder!
—Más civilidad, pero también (algo muy interesante) más presencia de la Constitución...
—Es el centro de la demanda de más civilidad. La demanda de una vida constitucional rica es la que permite que el Parlamento tenga una vida real, y no de ficción. Hoy en día, estamos amenazados por la posibilidad de ver desplegado en el Parlamento un concepto de institucionalidad ficticia. Porque al estar los legisladores del oficialismo sometidos a una demanda de obediencia no crítica con respecto al Poder Ejecutivo, no contribuyen a otra cosa que a fortalecer la vida espectral del Congreso.
—Quizá dentro de esta tristeza haya algo saludable, y es que los legisladores tendrán que rendir cuenta, frente a sus votantes, de su desempeño en la banca. El país estará muy atento a lo que, a su vez, voten los legisladores...
—Es muy posible, pero esto también llevaría a una crisis muy profunda de la demanda del Poder Ejecutivo y las exigencias de la población que otorgó representatividad a los legisladores. Ojalá haya espacio para la reconsideración crítica de esta posición rígida con la que el Ejecutivo quiere que se encare el problema de las retenciones. Yo no soy muy optimista en cuanto a los resultados, porque me parece que si los legisladores aspiran a perpetuar su representatividad y el valor de su investidura, tendrían que haberse preparado a lo largo de mucho tiempo para reconsiderar lo que han hecho hasta hoy. Si actúan de un modo imprevisible para el oficialismo, es porque no han hecho otra cosa que intentar salvar su propio papel. Yo desearía más bien que la consideración de estas cuestiones, prolongándose en el tiempo y dando lugar a una reflexión madura, evidencie posiciones que no sean puramente circunstanciales.
—Es un toque de atención a la conciencia de cada uno. No sé si usted, cuando en su libro habla de sufrimiento, eso implica el esfuerzo por mantener una conducta coherente, llamémosle “moral”...
—Estoy de acuerdo. A mi visión del sufrimiento se asocia esta idea del esfuerzo que realiza un individuo para capitalizar sus padecimientos, para poder inscribirlos en un marco de aprendizaje. Una persona sufrida no es una persona doliente.
—¿Cuál es la diferencia?
—Una persona sufrida es aquella que evidencia las huellas que en ella ha dejado el duro aprendizaje que le impusieron el dolor y la adversidad.
—¿Usted definiría a la gente que fue el miércoles a la Plaza de Mayo como una masa sufriente o dolida?...
—Era una masa doliente, porque no era la demandante del discurso que se le destinó, sino la destinataria pasiva de la mayor parte del discurso que escuchó. Las voluntades se pueden comprar, y el precio se nota.
—¿Esto implica carencia de dirigentes?
—Sí, lógicamente. Mire, el gran “triunfo” de la dictadura militar fue haber vaciado de significación la vida cívica. La vida constitucional. Y no nos hemos repuesto de esto pese al enorme esfuerzo que realizó el gobierno del Dr. Alfonsín para transitar del autoritarismo a la vida democrática. El proceso no se pudo cumplir porque se privilegió la disputa por el poder, y no por el afianzamiento de la República. Entonces, esta carencia de líderes puede ir paliándose lentamente a medida que la demanda de otra calidad de liderazgo provenga no de los partidos, sino en dirección a los partidos. Y esto es lo que está ocurriendo hoy. Poco a poco, la exigencia de más calidad cívica y de una mejor vida constitucional está viniendo de las bases, de las clases medias que están pidiendo otro modo de gestionar lo político.
—Uno no puede dejar de pensar en las lecciones de la Historia. Por ejemplo, los países europeos, después de una terrible Segunda Guerra Mundial, ¿cómo se rehicieron? ¿Cómo apareció gente de transición como Adolfo Suárez en España después de la muerte de Franco? ¿Qué ingredientes mezclaron esos países para que aparecieran estos políticos?
—Bueno, comprendieron la esterilidad de los caminos que habían recorrido hasta ese momento. Y esto es fundamental: entender que transitando por el camino en el que veníamos no nos podemos encaminar hacia donde debemos. ¿Cuál es la dirección, entonces? En el orden nacional, regional y planetario, la demanda de la época es integración y convivencia. Esta es la gran demanda que está en el corazón de los desafíos del siglo XXI. Integración y convivencia significan entender que, en mi relación con el prójimo, constituyo mi identidad y no la subordino a mi poder, y constituyo mi poder si lo integro a mi identidad. Entonces, no tenemos todavía en la Argentina una cultura planetaria, capaz de inspirar estas soluciones nacionales. Y digo “cultura planetaria” porque significa una concepción de lo que la vida en el planeta está pidiendo en el presente, para que podamos aplicarla concretamente a nuestro país. Nuestro país necesita integración en el orden regional, provincial. Necesita federalismo, que es la expresión acabada de la convivencia en el nivel planetario. Es indispensable estar unidos, pero respetando las diferencias. Si no se respetan las diferencias, no hay unidad posible.

domingo, 22 de junio de 2008

El nacimiento del ciberactivismo político

ANTONI GUTIÉRREZ-RUBÍ 22/06/2008

Existe una notable efervescencia digital en la preparación de los congresos que la mayoría de las fuerzas políticas españolas (ERC, PP, PSOE, CDC...) han celebrado, están celebrando o van a celebrar antes de las vacaciones de verano. Se han llegado a debatir online diversas enmiendas de política 2.0 a las ponencias oficiales. En la mayoría de los casos, estas enmiendas abordaban el uso de las nuevas tecnologías en la acción política. Pero algunas han ido incluso más allá y, confiando en el potencial de cambio de las nuevas tecnologías, han propuesto repensar tanto el modelo organizativo de los partidos como sus fórmulas para el debate programático y sus mecanismos de relación con la ciudadanía.

Existe una fuerte convicción de oportunidad inaplazable. Las dificultades sociales y políticas a las que todos debemos enfrentarnos, en lo local y global, exigen que el talento y la creatividad latentes en la Red penetren y revitalicen las estructuras de los partidos democráticos para actualizar su concepción básica: la de servicio público. Hay hambre -y urgencia- de nuevas ideas para los nuevos desafíos. Y la Red palpita mientras las estructuras partidarias languidecen. Hay quien lo intuye y hay quien no quiere verlo aunque lo sabe.

El eco de la videopolítica y del activismo digital en la campaña para las elecciones generales del pasado 9 de marzo está muy presente en este contexto. Por primera vez, los partidos políticos utilizaron en España de forma masiva, estratégica y organizada diversas iniciativas en la Red para movilizar recursos humanos (descubrieron el potencial de los cibervoluntarios) y ensayaron acciones de comunicación viral muy efectivas. Asimismo, los medios de comunicación tradicionales, escritos o audiovisuales, experimentaron fórmulas de participación ciudadana basadas en el ciberespacio. Incluso se intentó, sin éxito, un debate digital entre los dos principales candidatos a la presidencia, Zapatero y Rajoy.

A esto se añade el que el apasionante duelo de las primarias demócratas norteamericanas ha impactado con fuerza en la política española, que se interroga sobre el capital de energía política y organizativa que suponen los ciberactivistas y la posibilidad de enrolarlos como cibermilitantes. Hay un gran consenso en que buena parte del éxito de Barack Obama ha radicado en el uso inteligente de las herramientas de la cultura 2.0. Obama ha comprendido la capacidad política de las redes sociales digitales, empezando por su capacidad para movilizar seguidores o para captar donaciones. Él ve las nuevas tecnologías no como un medio más, sino como el reflejo organizativo de una nueva cultura política. Y a ello se debe buena parte de la conexión del senador con los jóvenes y los sectores más dinámicos, que sienten que el candidato conversa con ellos a través de sus propios medios y sus propios códigos.

El momento es apasionante y sería imperdonable no aprovecharlo como palanca de renovación de la política española. Es una gran oportunidad para que los partidos acometan en profundidad un cambio de estilo y de cultura organizativa que sea capaz de hacerlos evolucionar hacia estructuras más abiertas, flexibles e innovadoras, como ya lo han hecho gran parte de las empresas, universidades y otras organizaciones en el marco de la sociedad de la información y la comunicación.

El anuncio, por ejemplo, del Plan de Modernización de las Agrupaciones con el que el PSOE está estudiando una reforma de su organización interna, ha creado un marco adecuado, en el espacio socialista, para este debate sobre el modelo de militancia en el siglo XXI. Las Casas del Pueblo no ofrecen hoy para muchos ciudadanos ningún atractivo, ni como espacio de socialización, diálogo o representación, ni como espacio de activismo político. Se han quedado casi sin pobladores y no reflejan la pluralidad sociológica y cultural de su entorno (especialmente en contextos urbanos). Mientras tanto, las causas y las ganas por comprometerse crecen en nuestra sociedad.

Otros partidos, como los catalanes PSC y CDC, también viven con intensidad la efervescencia de sus bases y se encuentran en pleno debate precongresual preguntándose cómo interpretar la pulsión de cambio y cómo acogerla sin defraudarla. Hay demanda de otra -y nueva- política. Hay urgencia de nuevas organizaciones.

Sin embargo, no todo el mundo participa de este ciberentusiasmo en el debate precongresual del PSOE. La enmienda 445 (impulsada por algunos socialistas valencianos) y la Facebook (animada por muchos activistas y recogida por varias federaciones) han recibido apoyos pero también fuertes rechazos. Hay miedo a que lo digital desborde y contamine. Algunos dirigentes, incluso jóvenes dirigentes, creen que los culos de hierro y los brazos de madera (en alusión al control orgánico de las asambleas de discursos interminables y votaciones unánimes) son más democráticos, "porque la gente está presente y da la cara". Y existe el recelo mal disimulado de que tanto hervor digital sea una moda, esté vacío de contenido político y sea prisionero de nuevos y elitistas dogmáticos que acaben ampliando la brecha digital. Pero los riesgos, algunos de ellos muy reales, no pueden ni deben paralizar los cambios necesarios y urgentes. La política formal puede llegar tarde y mal a lo emergente. Que no se extrañe entonces de ocupar el último lugar en la valoración social.

En este fuego cruzado, a algunos dirigentes tan sólo les tienta canalizar la energía de los activistas digitales para instrumentalizar su capacidad movilizadora, pero lateralizando su protagonismo y liderazgo. Creen que el espacio digital hay que colonizarlo, sin comprender que de lo que se trata es de influir y dejarse influir. Pretenden convertir lo digital en un nuevo espacio dogmático o de reclutamiento, pero así sólo se encontrarán con redes vacías de vitalidad. Otros identifican la Política 2.0 con propuestas sobre las TIC o con expresar simpatía con los defensores del software libre. Pero aquéllos y éstos se equivocarán (o se quedarán cortos) si simplifican o reducen la intensidad de estos cambios políticos a lo simplemente "tecnológico".

La cultura digital es una ola de regeneración social (de ahí su fuerza política) que conecta con movimientos muy de fondo en nuestra sociedad: placer por el conocimiento compartido y por la creación colectiva de contenidos; alergia al adoctrinamiento ideológico; rechazo a la verticalidad organizativa; fórmulas más abiertas y puntuales para la colaboración; nuevos códigos relacionales y de socialización de intereses; reconocimiento a los liderazgos que crean valor; sensibilidad por los temas más cotidianos y personales; visión global de la realidad local y creatividad permanente como motor de la innovación. Sí, hay esperanza de nuevos liderazgos. Pero en la Red sólo se reconoce la autoridad, no la jerarquía. Mejor las causas que los dogmas.

Así que no estamos hablando simplemente de nuevos militantes (cibermilitantes) o de un nuevo campo de batalla política (la Red). Tampoco se trata tan sólo de nuevas herramientas (blogs, wikis, twitter, redes, videopolítica...). Ni tampoco se resuelve esta cuestión con una nueva "sectorial" (la de la sociedad del conocimiento y la información). No, no hablamos sólo de tecnología. Hablamos de la política del futuro. De comprenderla nuevamente, de repensarla en la sociedad red.

Si se quiere, puede empezarse por el nombre de la cosa. ¿Cibermilitantes? Ahora que estamos en pleno periodo de celebración de congresos, sería una gran contribución hacer una pequeña renovación semántica. ¿Por qué no abandonar definitivamente la palabra "militante" y reivindicar la de "socio" o "activista"? A pesar del valor emocional y político que tuvo en el pasado, la palabra "militante" tiene hoy resonancias comunicativas de disciplina férrea, excluyente y acrítica. Además, no aparece ni una sola vez en la Ley de Partidos, que utiliza siempre el término "afiliados".

Ahora que están a tiempo, piénsenlo, por favor. Si quieren hacer ciberpolítica, no insistan en llamar cibermilitantes a los activistas. Empiecen por las palabras. No es un cambio menor. Y sigan luego con los otros. Ha llegado el momento.

viernes, 20 de junio de 2008

Historia de dos revoluciones Timothy Garton Ash 11/05/2008


Durante la revolución de terciopelo de 1989 vi un cartel improvisado en un escaparate de Praga. Mostraba el número "68" invertido y convertido en "89", con unas flechas que indicaban la rotación. Dos años, 1968 y 1989: la historia de dos revoluciones. O al menos, dos oleadas de lo que muchos llamaron en su día "revolución". Un cuadragésimo aniversario este año, un vigésimo aniversario el año que viene. ¿Cuál de los dos se recordará más? ¿Y cuál cambió verdaderamente más cosas?

El 68 será difícil de superar en cuanto a conmemoraciones. Ya ha corrido más tinta sobre el aniversario de 1968 que sangre en las guillotinas de París tras 1789. Al parecer, sólo en Francia se han publicado más de cien libros para recordar el drama revolucionario de Mayo del 68. Alemania también ha tenido su propia fiesta de la cerveza llena de intelectuales; Varsovia y Praga han revisitado las agridulces ambigüedades de sus respectivas primaveras; incluso el Reino Unido se las ha arreglado para tener un número retrospectivo de la revista Prospect, la principal revista mensual de ideas del país.

Las causas de esta orgía publicitaria no son difíciles de comprender. La generación del 68 es un grupo excepcionalmente bien definido en toda Europa, seguramente el mejor definido desde la que podríamos llamar del 39, quienes vieron alterada su vida para siempre por su experiencia juvenil en la II Guerra Mundial. Los que eran estudiantes en 1968, hoy tienen alrededor de 60 años y ocupan los puestos de mando de la producción cultural en la mayoría de los países europeos. ¿Creen que van a perder la ocasión de hablar sobre su juventud? Están de broma, ¿no? ¿Qué dice, que no soy importante, moi?

No existe una generación del 89 comparable. Los protagonistas de aquel año de las maravillas fueron otros: más variados y podría decirse que más sérieux. Disidentes veteranos, miembros de los aparatos, dirigentes eclesiásticos, hombres y mujeres trabajadores, de mediana edad, que ocuparon pacientemente las calles para decir, por fin, que ya estaba bien. Los estudiantes desempeñaron su papel en algunos lugares -entre otros, Praga, donde una manifestación estudiantil fue el detonante de la revolución de terciopelo- y, 20 años después, algunos de ellos ocupan lugares destacados en la vida pública de sus respectivos países. Pero los líderes del 89, en general, eran mayores, y de hecho muchos habían vivido ya el 68. Incluso los "héroes soviéticos de la retirada" del grupo de Mijaíl Gorbachov se inspiraron en los recuerdos de 1968.

Por regla general, los acontecimientos que recordamos con más intensidad son los que vivimos cuando éramos jóvenes. El amanecer que vimos a los 20 años, del brazo de una chica o un chico, puede ser falso, después de todo; el que presenciamos a los 50 puede cambiar el mundo para siempre; sin embargo, la memoria, esa sinvergüenza, siempre preferirá el primero. Además, mientras que 1968 se produjo en Europa occidental y oriental, en París y Praga, 1989 sólo se produjo en la mitad oriental. Los europeos occidentales, en su mayoría, fueron espectadores fascinados del 89, no actores participantes.

Desde el punto de vista político, el 89 cambió mucho más. Las primaveras de 1968 en Varsovia y Praga acabaron en derrota; las de París, Roma y Berlín acabaron en restauraciones parciales o cambios muy graduales. La manifestación más grande en París fue seguramente la del 30 de mayo de 1968, una manifestación de la derecha, a la que el electorado reinstauró en el poder a continuación durante otros 10 años. En Alemania Federal, parte del espíritu del 68 logró introducirse en la socialdemocracia reformista de Willy Brandt. En todos los países de Occidente, el capitalismo sobrevivió, se reformó y prosperó. Las revoluciones de 1989, en cambio, acabaron con el comunismo en Europa, el imperio soviético, la división de Alemania y una lucha ideológica y geopolítica -la guerra fría- que había determinado toda la política mundial durante medio siglo. Fue, en términos geopolíticos, tan importante como 1945 y 1914. En comparación, el 68 fue una nadería.

Vista desde hoy, gran parte de la retórica marxista, trotskista, maoísta y anarco-liberacionista del 68 parece verdaderamente ridícula, infantil y moralmente irresponsable. Es, para citar a George Orwell, como si se hubieran puesto a jugar con fuego unas personas que ni siquiera sabían que el fuego quema. Rudi Dutschke habló ante el congreso sobre Vietnam celebrado en Berlín Oeste y, tras evocar el inicio de un "periodo cultural-revolucionario de transición" -es decir, con la brutal y asesina revolución cultural del presidente Mao como modelo que Europa debía imitar- y describir el Vietcong como "fuerzas revolucionarias de liberación" contra el imperialismo estadounidense, dijo que esas verdades liberadoras se habían descubierto a través de "la relación específica de producción de los productores estudiantiles". La producción de majaderías, claro está. En la London School of Economics gritaban: "¿Qué queremos? Todo. ¿Cuándo lo queremos? Ya". Narcisos de bandera roja.

Los que en 1968 se mostraron tan duros respecto a la generación de sus padres (los del 39) por haber sido compañeros de viaje de los terrores del fascismo y del estalinismo podrían querer ahora, en este aniversario, hacer un pequeño examen de conciencia sobre su propia ligereza al comportarse como compañeros de viaje del terror en países remotos de los que sabían poca cosa. Pero en ese examen de conciencia hay que tener en cuenta también que muchos representantes destacados de la generación del 68 sí aprendieron de aquellos errores y frivolidades. En los mejores casos, se dedicaron durante los decenios posteriores a una política más seria de tipo liberal, socialdemócrata o de "nuevo evolucionismo" verde (por tomar prestada una expresión del polaco del 68 Adam Michnik), que incluyó el fin de un montón de regímenes autoritarios europeos, desde Portugal hasta Polonia, y la promoción de los derechos humanos y la democracia en países lejanos de los que aprendieron a saber más.

Un balance que califique el 68 como algo meramente frívolo, evanescente e inconsecuente, a diferencia de un 89 serio y lleno de consecuencias, es demasiado simplista. El arquetípico miembro del 68 Daniel Cohn-Bendit destaca un elemento crucial: "Vencimos en lo cultural y lo social, y afortunadamente perdimos en lo político". La revolución de 1989 produjo, con una asombrosa falta de violencia, una transformación trascendental de las estructuras políticas y económicas, tanto nacionales como internacionales. Desde el punto de vista cultural y social, fue más una restauración o, al menos, la reproducción o imitación de las sociedades de consumo occidentales. La revolución de 1968 no engendró ninguna transformación equiparable de las estructuras políticas y económicas, pero sí fue el catalizador de un profundo cambio cultural y social, tanto en Europa occidental como en la oriental (en realidad, 1968 representa aquí un fenómeno más amplio, "los sesenta", en los que la difusión de la píldora fue más importante que cualquier manifestación y cualquier barricada).

Un cambio de estas dimensiones no es nunca sólo positivo, y en nuestras sociedades actuales podemos ver algunas consecuencias negativas; no obstante, en conjunto, fue un paso adelante hacia la emancipación humana. En la mayoría de nuestras sociedades, la mayor parte del tiempo, las posibilidades de vida de las mujeres, los homosexuales y las lesbianas, de todo tipo de minorías y clases sociales que hasta el 68 se habían visto impedidas por una jerarquización rígida, son mucho mejores hoy que nunca. Incluso los críticos del 68 como Nicolas Sarkozy se han beneficiado de esa transformación (¿podría haber llegado a presidente un divorciado hijo de inmigrantes en el mundo idílico que, según él, existía antes del 68?)

A pesar de los enormes contrastes entre los dos movimientos, el resultado combinado del utópico 68 y el antiutópico 89 fue, en la mayor parte de Europa y gran parte del mundo, una versión globalizada de un capitalismo reformado, social y culturalmente progresista y políticamente socialdemócrata. Pero en este año de aniversario del 68 podemos observar problemas en la sala de máquinas de ese capitalismo reformado. ¿Y si esos problemas empeorasen el año próximo, justo a tiempo para el aniversario del 89? Eso sí que sería una revolución. -

"Hemos ganado" ENTREVISTA - Daniel Cohn-Bendit Eurodiputado y protagonista de Mayo del 68



ANDREU MISSÉ 11/05/2008

Daniel Cohn-Bendit (Montauban, Francia, 1945) es el referente más singular de Mayo del 68. Y sigue en la brecha 40 años después, pero ahora con nuevos horizontes: con los desafíos de la globalización, el cambio climático y la inmigración. Quizá por ello cree que hay que pasar la página de aquella rebelión, como explica en sus libros Forget 68 y La rebelión del 68, este último en colaboración con Rüdiger Dammann y que publicará próximamente en España Global Rhythm Press. Con su lucidez y estilo provocador, Cohn-Bendit, hoy copresidente del grupo Los Verdes del Parlamento Europeo, resume aquellos años con un categórico: "Hemos ganado", e incluye en la nómina de los beneficiarios al presidente francés, Nicolas Sarkozy.

Pregunta. Usted sostiene que Mayo del 68 no fue una revolución, sino una rebelión.

Respuesta. En todos los debates sobre Mayo del 68 es recurrente cuestionarse si fue una revolución. Para mí fue una rebelión. Sobre todo, una rebelión antiautoritaria que tuvo lugar un poco por todas partes. La rebelión de una juventud que había nacido después de la guerra y se revolvía contra el tipo de sociedad impuesto por las generaciones de la guerra. Los rebeldes eran diferentes en Polonia, en Estados Unidos, en Francia o en Alemania, pero el corazón fue precisamente esta rebelión antiautoritaria.

P. ¿Cuál es la diferencia?

R. La revolución supone un análisis clásico que pone siempre por delante el problema de la toma del poder, cuando precisamente la mayoría de la gente que estaba en la calle quería tomar el poder sobre sus vidas, y no el poder político. Por eso, la palabra rebelión es más adecuada.

P. Los sesentayochistas sustituyen consignas revolucionarias clásicas, como "abajo el capitalismo", por otras ideas como "está prohibido prohibir", "gozar sin trabas", "la burguesía no tiene otro placer que destruirlos todos" o "¡sed realistas, pedid lo imposible!". ¿Qué significa este cambio?

R. Creo que las palabras del orden tradicional continúan existiendo. Pero lo que es novedoso, lo que es precisamente esta novedad surrealista y que da una expresión poética a la revuelta, sobre todo a la de Mayo del 68, es su radicalización antiautoritaria.

P. ¿Sarkozy es un liquidador de la herencia del 68 o un producto contrariado del 68?

R. Sarkozy es un sesentayochista contrariado. Reinvidica para él una libertad de vida que es completamente de sesentayochista, pero que no tiene nada que ver con su política. Su ataque contra el 68 es un ataque contra natura, pues él se beneficia de todo lo que es el 68. Hace 40 años, un hombre dos veces divorciado no hubiera podido ser presidente de la República, era imposible.

P. En cierta medida, lo que sugiere es que los movimientos de liberación del 68 son los que han permitido el triunfo de un personaje como Sarkozy.

R. Sí. El movimiento del 68 ha cambiado de tal manera la sociedad, que un hombre como Sarkozy puede ser presidente.

P. ¿Por qué los movimientos de liberación relacionan el imperialismo estadounidense y el totalitarismo soviético?

R. Creo que una de las dimensiones fundamentales de la Francia del 68 fue la de poner juntos, uno al lado del otro, el capitalismo y el comunismo. El 68 es el principio de la deconstrucción del comunismo.

P. Para muchos, el 68 representa la revuelta de la vida cotidiana, la eclosión de la música, la nueva relación entre hombres y mujeres, la vida, la sexualidad...

R. El 68 quería precisamente que los individuos reivindicaran su libertad de vida cotidiana, que integra precisamente la música y una nueva visión lúdica de la vida.

P. ¿Sugiere usted que los revolucionarios quieren el poder político, mientras que los rebeldes del 68 querían el poder sobre sus vidas?

R. Así es. Y además muchos revolucionarios quieren el poder sobre los otros, mientras que los rebeldes del 68 lo quieren sobre su propia vida.

P. ¿El 68 supone el fin de las revoluciones y el principio de los movimientos de liberación?

R. El 68, de hecho, demuestra que el ciclo de las revoluciones de los siglos XIX y XX se ha acabado. Y que hoy estamos en un proceso de transformación de las sociedades, y esto no quiere decir que las rebeliones se hayan acabado. Pero las revueltas empujan a la transformación y la modernización de la sociedad. Y el mito de la revolución, de la toma del poder, es algo que precisamente ha desaparecido.

P. ¿Las elecciones, "una trampa para los gilipollas"? ¿O defiende usted las instituciones democráticas?

R. Hay que ir con cuidado. Seguramente en 1968 fue difícil imaginar otra solución que la de boicotear las elecciones. Pero fundamentalmente lo que había detrás era una incomprensión de lo que es el espacio institucional como garantía de democracia.

P. ¿Mayo del 68 fue un movimiento de la juventud contra las generaciones anteriores? ¿Tenían razón porque eran jóvenes?

R. No, yo no creo que las generaciones de la posguerra tuvieran razón. Los jóvenes no siempre tienen razón. Por ejemplo, también los jóvenes en las universidades hicieron la revolución hitleriana. No tenían razón por ser jóvenes.

P. ¿El 68 permite el triunfo del feminismo contra el machismo generalizado, incluido el de la izquierda?

R. Visto que hay una reivindicación precisamente de la apropiación de su vida, y de su autonomía, las mujeres se enfrentan al machismo izquierdista y también al de los hombres del interior del movimiento.

P. Gaullistas y comunistas, ¿ganadores o perdedores de la rebelión de Mayo del 68?

R. A largo plazo, perdedores; a corto plazo, ganadores. Creo que fueron victorias pírricas para los gaullistas y los comunistas, y que el fondo antiautoritario de la huelga los barrió a los dos.

P. Francia sigue siendo un país inmovilista, centralista y reacio a la evolución.

R. Sí, pero de una manera totalmente diferente. Aunque los problemas históricos continúan, es otra sociedad.

P. Hay todavía reflejos de esas estructuras en empresas tan influyentes como EDF.

R. Sí, es un reflejo de que el jacobinismo francés tiene una determinada idea de los servicios públicos. En el modelo francés, los servicios públicos están muy ligados a una concepción estatal de lo social, que está en camino de explosionar y nadie muy bien qué poner en su lugar.

P. Cuarenta años después de aquel mayo, ¿qué se ha ganado?

R. Tenemos otra sociedad. Por una parte, es más libre, pero tiene otros problemas. En Mayo del 68 no se conocían el sida, el paro, ni la degradación climática. La globalización desbocada que existe hoy tampoco se conocía. Así, pues, tenemos una sociedad con una libertad mucho mayor, y al tiempo se enfrenta a problemas de otra dimensión.

P. Usted dice también que hay que olvidar el 68. ¿Qué quiere decir con esto?

R. Simplemente quiero decir que el 68 fue formidable, pero hoy los retos son otros. Nos enfrentamos a otro mundo, otros problemas, y los instrumentos de la rebelión no responden a los problemas de hoy.

P. Algunos consideran que ciertas ideas del 68 pueden ser útiles todavía.

R. Sí, pero lo que a mí me interesa son las ideas de la democracia, de los derechos del hombre, etcétera. No me interesan tanto las raíces de las ideas, aunque hay gente que sigue con el empuje del 68. Ha habido mucha energía, mucho deseo de libertad, y todo esto continúa y continuará. Pero como son otras generaciones las que hacen política, querer ver todo lo que ocurre a través de las gafas del 68 no hace avanzar a nadie. -

domingo, 15 de junio de 2008

¿Es pecado llevar el pañuelo blanco y coincidir con Buzzi?

Darwinia Gallicchio*
15.06.2008

Como me siguen exigiendo explicaciones por mi presencia en la mayor concentración del pueblo argentino de los últimos tiempos, que ocurrió el día 25 de Mayo en el Parque Nacional a la Bandera de Rosario, afirmo que:

Fui con mi pañuelo, pañuelo de Abuelas, que forma parte de mi vida y de mi lucha incesante. Nada tiene que ver el pañuelo con un título, sólo tiene que ver con mi experiencia construida a partir de mi tragedia y de la tragedia instrumentada sobre el pueblo argentino. Además tengo la sensación de que están utilizando a mis compañeras, de y desde la Plaza, para cuestionar, distorsionar, subestimar y confundir mis convicciones, que coinciden con el reclamo que está encabezando el dirigente gremial de los pequeños y medianos productores, el señor Eduardo Buzzi, presidente de la FAA. Lo sectorial se expandió a los reclamos sociales e históricos de un proyecto de país para todos. En los actos públicos, seguí atentamente los discursos del dirigente y confirmé mi identificación con SU mensaje, porque se trata de coincidir con el mensaje en contra de la concentración de la riqueza, de la tierra, su extranjerización, y la asfixia de las economías regionales, orientaciones que sustentaban la lucha de nuestros hijos. Tengo que hacer visible lo visible: no estaba en el palco, como algunos dicen, sino entre la gente, sentada por mi avanzada edad. Nuevamente, una vez más, mi convicción es: los chacareros no generan el saqueo de la Argentina, sabemos quién es el enemigo. Estoy contra la concentración de la tierra y su extranjerización. Estoy contra la concentración de la riqueza.

¿Por qué no puedo coincidir con el reclamo en contra del desguace y la devastación sistemática de la cultura agraria? ¿Cuál es mi “pecado”? ¿Será que el marcapasos para mantenerme viva –que estrené hace un mes– me hace socia del pool de siembra que viaja en el avión presidencial?

No llegué a la Plaza ocasionalmente la semana pasada, ni por una habilitación conyugal, no me incorporé a la Plaza en los noventa, ni interrumpí por una dolencia mi testimonio en lo público, tampoco acepté un resarcimiento monetario del Gobierno por fusilamiento. Y cuando piso la vereda de la esquina de San Lorenzo y Dorrego donde se erige el edificio que se utilizó para someter al ser humano a la indignidad –el ex Servicio de Informaciones, actual CPM, al que considero la ESMA de Rosario–, pienso que no debo permitir que se lo despoje de sentido. Cuando me enteré de que mi sola presencia generó asco en algunos, me miré al espejo a ver si me había convertido en cucaracha. Cuando me dijeron que estaba con golpistas, me miré los pies, a ver si tenía botas. Cuando dicen de mis amigos “que dividieron la Plaza”, pensé: “Algo habrán hecho”. Cuando un medio me preguntó: “¿Sus hijos eran militantes?”, pensé en la “teoría de los dos demonios”. Finalmente parece que mi pequeña presencia dividió las aguas de tal manera que me sentí Moisés, nada más que, en lugar de conducir al “pueblo elegido”, estaba dirigiendo El padrino III. Y, por último, lamento que algunos fines sean justificados por los medios. Sin embargo, cuando recibí muchas adhesiones advertí que el fin justifica los medios.

En estas tres décadas, desde el 24 de marzo del 76, vimos: dirigentes, organizaciones, que se los podría señalar por tener un pasado de “coqueteo” con la Junta Militar, con el alfonsinismo, con el menemismo y hoy..., se definen integrantes del campo popular. Recuerdo a nuestros hijos y me acerco a Rodolfo Walsh: jamás me verán genuflexa cuando en tiempos difíciles debemos seguir testimoniando. Me invitan a cerrar la puerta, sin embargo, la abro. Todos los días vuelvo a salir a la calle, camino sobre las crujiente hojas del otoño, sobre mi vereda, el viento me abre intersticios, donde puedo puedo vislumbrar –todavía– las grietas.

*Abuela y madre de Plaza de Mayo.
Diario Crítica de la Argentina.